“Nada respetan. Nada. Y lo peor, sin ganas ni calidad. Exentos de dignidad, manosean, abaratan y menosprecian”, esta cita que es un tuit de Juan Campanella sirve para dar una semblanza de lo que está sucediendo en la municipalidad de Salta, en cuanto a lo que el futuro incierto le depara a miles de empleados municipales que ven peligrar su fuente laboral.
“Nada respetan. Nada. Y lo peor, sin ganas ni calidad. Exentos de dignidad, manosean, abaratan y menosprecian” sirve también para ilustrar la reciente aventura electoral del intendente, que sin ponerse siquiera colorado aseguró en una entrevista con el periodista Mario Peña que en el área social “se gasta mucho dinero de la Municipalidad” y se descuida lo que tiene que hacer la Municipalidad que es “alumbrado, barrido y limpieza”.
Esos dichos encendieron una luz de alerta en algunos sectores municipales por dos cuestiones fundamentales: el servicio de alumbrado, barrido y limpieza está tercerizado y el propio Sáenz anunció que quedarán así, y porque achicar el presupuesto del área social implicarían despidos.
Y, para mala fortuna de los empleados municipales que esperan con angustia la asunción del nuevo intendente, el que se encargó de sembrar más dudas aún fue el propio presidente del Tribunal de Cuentas Municipal, Nicolás Demitrópulos, quien desde su cuenta de twitter dejó en claro cuál es la intención del “peronista” intendente electo.
El mensaje fue claro: “Falta cada vez menos. Ya es tiempo que empiecen a buscar nuevos horizontes. La gran mayoría no va a seguir. Después no digan que no avisé”.
Tan claro fue el mensaje que a la memoria colectiva le recordó que Gustavo Sáenz fue electo por el espacio que lideraba Juan Carlos Romero, quien como primera medida de gobierno, en 1995, decidió despedir a 5.000 trabajadores del sector público provincial.
Lo de Demitrópulos es el claro ejemplo de cómo opera el modelo de quienes quieren quedarse con el poder en el País, que tienen como proyecto político el achicamiento del Estado a través de despidos masivos de empleados públicos y recortes salariales, además de una sobrecarga horaria sin condiciones óptimas para prestar debida atención a los ciudadanos. Pero Demitrópulos hace el trabajo sucio: es mandado a decir públicamente lo que Sáenz no se anima a decir más que en privado.
Mientras tanto, en los diferentes gremios municipales se prendió la luz de alarma y por estas horas están evaluando qué medidas tomar para tratar de impedir que lo que hasta ahora parece inevitable ocurra, que es el despido de cientos o miles de compañeros que se quedarán sin su fuente de ingreso.

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